Hace unos diez años, junto con mi gran amigo el arquitecto Antxon Martínez Salazar nos embarcamos en la aventura de comprar una casa, con el compartido propósito de desconectar, descansar, reunirnos con los amigos y disfrutar de algo que me apasiona: escribir y leer.

Después de mil andanzas y búsquedas por el País vascofrancés, el Bearn, la Rioja, el norte de Castilla-León, Aragón y un largo etcétera nos decidimos por Milagro, un pueblo de la Ribera de Navarra.

Y os preguntaréis… ¿por qué Milagro?

Por su ubicación, atravesado por un laberinto de ríos (Aragón, Arga, Ebro), vías de comunicación por excelencia.

Por su paisaje, tan distinto de la cornisa atlántica y pirenaica, zona de transición hacia el Mediterráneo, con el imponente Moncayo dominando toda la llanura, con sus campos de cultivo de verduras, viñedos, cereales y frutales.

Por su historia, probablemente heredera de la antigua Ergavia, citada por Plinio y Ptolomeo, y romanizada en esa época, como lo atesoran todos los restos romanos que se encuentran en sus alrededores, como en Santacara, Funes, Cortes, Corella, Ribaforada, Tudela, Ablitas o Cascante.

La casa que adquirimos estaba semiderruida, pero con mucha ilusión, y también grandes dificultades, comenzamos su rehabilitación. Lamentablemente mi gran amigo Antxon falleció al poco tiempo y, debido a mis prolongadas estancias de trabajo en Latinoamérica, fue nuestra amiga Elena quien tomó el timón del proyecto. La primera de las sorpresas que nos encontramos fue la antigua bodega donde se producía y guardaba el vino, semienterrada y en un estado deplorable, que pudimos recuperar y restaurar, hallando toneles antiguos donde se depositaba la preciada bebida.

Pero las sorpresas no cesaron, y, a modo de arqueólogos aficionados, localizamos gran cantidad de aperos de labranza y utensilios agrícolas, así como instrumentos y partituras antiguas de música de Don Inocencio Garijo, músico local y anterior propietario de la casa. En estos momentos estamos pensando en hacer una pequeña exposición con todo lo hallado, ya que consideramos que recuperar el pasado sirve para entender mejor nuestro presente.

Así, pieza a pieza y estancia a estancia fuimos recuperando las distintas partes de la casa. Solo citaré algunas, como la cuadra, hoy reconvertida en leñera, o el inmenso pórtico abierto, hoy cerrado y convertido en jardín con porche, y que dispone de una barbacoa. La casa consta actualmente de tres plantas, más la bodega subterránea.

La casa, como os comentábamos al principio, iba destinada a uso personal, pero a medida que fuimos rehabilitándola los amigos nos animaron a que la dedicáramos a casa rural. Y diez años después, nuestro ilusionante proyecto es ya una preciosa realidad: LA CASA DEL MÚSICO.

Agradezco de todo corazón a mi hijo Joanes, joven emprendedor que sin su inestimable ayuda no habría sido posible la actual casa rural, así como a mi mujer, Jaione, que es quien capitanea el reto que conlleva este proyecto, con entusiasmo, optimismo y gran esfuerzo.

Os animamos a que visitéis nuestra casa.

¡Hasta pronto!

 

Esteban y Jaione